¿Realmente aún queda algo por hacer para salvar a la humanidad del inmenso caos en el que se abisma?

lunes, 4 de abril de 2016

Lira fugitiva!

Una imagen positiva
les entrego al momento;
con mi lira fugitiva,
con gran pesquis y contento.

Vengo yo en éste día
a contarles de los niños;
que nos brindan alegría,
entusiasmos y cariños.

Es un tema exigente
el que vamos abordando.
Es de la futura gente
que estamos conversando.

Un instante razonemos
la manera de educarlos;
el gran mal que les hacemos
si osamos descuidarlos.

El más grande objetivo
de educar no se limita
a un estudio colectivo
ni ver quién mejor imita.

A pocos años de nacer
comienza la acometida.
¡Se educa al niño para hacer
un buen uso de su vida!

Deben labrarse valores;
sobre todo igualdades.
“No somos nunca mejores,
sólo dando con verdades”.

Y ya contra la violencia,
y ya contra la ignorancia.
Más favor en arte y ciencia,
buenos usos y elegancia.


No dar sólo la carrera,
sino sentir cada paso;
ir rompiendo la barrera
que se cruce en cada caso.

¡Inculcar en ellos calma
viendo la naturaleza,
para dar al cuerpo y alma
toda la perfección y belleza!

Porque hay dificultades
que dañan los corazones.
Con los años, las edades
nos destruyen las razones.

Algo más que dar cultura
es cultivar pundonores
en la sociedad futura,
garantía de naciones.                                                                                           

Quien recibe buena clase
no humilla ni, a otro, daña.
Y, aunque pase lo que pase,
ama al ser que lo acompaña.

Sepamos de antemano
que educar es gran tarea;
se requiere ser Humano
para dar esa pelea.

Sin embargo les evoco
que nos sobran los ejemplos:
Seres de asueto poco;
de cultura, grandes templos.

Como dice el Libro Santo:
“Instuyamos a los niños”.
Y así cierro mi canto:

“A la lucha yo me ciño”.