Lira fugitiva!
Una imagen
positiva
les entrego al
momento;
con mi lira
fugitiva,
con gran pesquis y
contento.
Vengo yo en éste
día
a contarles de
los niños;
que nos brindan
alegría,
entusiasmos y
cariños.
Es un tema exigente
el que vamos
abordando.
Es de la futura
gente
que estamos
conversando.
Un instante razonemos
la manera de
educarlos;
el gran mal que
les hacemos
si osamos
descuidarlos.
El más grande objetivo
de educar no se
limita
a un estudio
colectivo
ni ver quién
mejor imita.
A pocos años de nacer
comienza la acometida.
¡Se educa al niño
para hacer
un buen uso de su
vida!
Deben labrarse
valores;
sobre todo
igualdades.
“No somos nunca
mejores,
sólo dando con
verdades”.
Y ya contra la violencia,
y ya contra la
ignorancia.
Más favor en arte
y ciencia,
buenos usos y
elegancia.
No dar sólo la
carrera,
sino sentir cada
paso;
ir rompiendo la
barrera
que se cruce en cada
caso.
¡Inculcar en
ellos calma
viendo la
naturaleza,
para dar al
cuerpo y alma
toda la perfección
y belleza!
Porque hay
dificultades
que dañan los
corazones.
Con los años, las
edades
nos destruyen las
razones.
Algo más que dar
cultura
es cultivar pundonores
en la sociedad
futura,
garantía de naciones.
Quien recibe
buena clase
no humilla ni, a
otro, daña.
Y, aunque pase lo
que pase,
ama al ser que lo
acompaña.
Sepamos de
antemano
que educar es
gran tarea;
se requiere ser
Humano
para dar esa
pelea.
Sin embargo les
evoco
que nos sobran
los ejemplos:
Seres de asueto
poco;
de cultura,
grandes templos.
Como dice el
Libro Santo:
“Instuyamos a los
niños”.
Y así cierro mi
canto:
“A la lucha yo me
ciño”.